|Temas|                                                                                                                                >> volver al índice    

El caciquismo
fper1.gif (32523 bytes)
Elecciones de 1911. Cola a la entrada de un colegio

El regeneracionismo de principios del siglo XX, y especialmente Joaquín Costa, fue uno de los principales responsables de la denuncia del caciquismo como problema nacional que impedía la modernización y el progreso de España desde el punto de vista político. Derivado de la palabra de origen americano "cacique", referida a la persona que por razones políticas ejercía una gran influencia en un pueblo, comarca o provincia, el caciquismo se convirtió, como ha escrito Raymond Carr, en un término que condenaba globalmente al régimen de la Restauración ya que desvirtuaba el funcionamiento normal de la democracia representativa y su pieza básica que era el sufragio. 

La centralización política y administrativa impuesta tras la instauración del liberalismo en el siglo XIX hizo de la figura del gobernador civil la pieza clave de la que disponían los ministros de la Gobernación durante los procesos electorales. Durante la Restauración, el arranque del proceso era el "encasillado", es decir, la asignación de los distritos electorales a los candidatos. La dificultad estribaba en el hecho de que la formación de una mayoría debía ser compatible con el respeto a las minorías de la oposición y con el arraigo que algunos políticos tenían en sus distritos electorales gracias a las gestiones y favores realizados. 

La crítica de Costa, y de todo el republicanismo y el socialismo, responsabilizando a la Monarquía del cáncer moral y político del caciquismo, escondía el hecho de que el fenómeno se había desarrollado de forma natural en un país cuyo electorado se encontraba desmovilizado por razones del atraso económico, del aislamiento geográfico secular y el localismo de la sociedad española, y de las enormes cifras de analfabetismo e incultura de la población. En ese sentido sería más lógico considerar el caciquismo como fruto de las condiciones del país antes que como una imposición gratuita del poder central.
 

fper1.gif (32523 bytes)
Romero Robledo, a la derecha, con Romanones y García Berdoy

Los favores políticos

La población buscaba en el cacique local, o provincial, al intermediario que lograse resolver sus demandas, que se interesase por los problemas de la que muchas veces era su localidad natal, y que les protegiese con su influencia en la capital, o en Madrid, de los requerimientos del Estado liberal en materia de quintas, impuestos o leyes. La pirámide caciquil arrancaba desde los ayuntamientos, cuyos concejales y alcaldes eran el primer escalón para las demandas ciudadanas y para los favores políticos. A continuación iban el cacique, el diputado provincial, el gobernador civil y el ministro de la Gobernación, este último con la decisiva atribución de poder suspender a la corporación municipal en sus funciones en caso de grave incumplimiento de estas. Dado que la gran mayoría de los ayuntamientos españoles se encontraban a principios del siglo atados de pies y manos por la penuria económica, la suspensión se convirtió en un arma política utilizada con el fin de favorecer a unos y otros en las elecciones.

fper1.gif (32523 bytes)

Intentos de reforma 

Todos venían a coincidir en que las reformas para corregir estos defectos del sistema liberal debían empezar por la administración local y la ley electoral. A ello se dispusieron los conservadores como Silvela y Maura, y la oposición republicana y socialista, que consideraba el municipalismo como una parte esencial de su programa de regeneración. Así, los efectos de la Ley Electoral de Maura de 1907 se dejaron sentir especialmente en las ciudades. En Málaga, desde esa fecha se produjo un avance de republicanos y socialistas que no remitiría hasta los años 20. Pero la realidad era muy distinta en la provincia, donde el caciquismo seguía imponiendo su ley sin discusión. En 1931 esta situación se mantenía prácticamente intacta, como demostrarían los resultados electorales que trajeron la República gracias al comportamiento progresista de las ciudades, quedando fieles a los partidos monárquicos la gran mayoría de los distritos rurales.

fper1.gif (32523 bytes)

Los caciques de Málaga 

Se ha denominado acertadamente al caciquismo, o al clientelismo en general, como "política en penumbra" (Robles Egea, 1996) y una prueba de ello es lo escasas que son las pistas para estudiar la historia de los políticos malagueños que protagonizaron esta época y de los partidos Liberal y Conservador, que monopolizaron el gobierno durante ella. 

El paradigma de la política caciquil durante la Restauración en Málaga fue la familia Larios, perteneciente al Partido Conservador. Su caso es el de un cacicato basado en el poder económico, pues no en balde eran los mayores contribuyentes de la provincia y probablemente los mayores también de toda Andalucía (Tusell, 1976, Ramos Palomo, 1991) Pero no fueron los únicos. La política antequerana no podría explicarse sin Francisco Romero Robledo, desaparecido en 1905 dejando como heredero en la comarca a Francisco Bergamín. José Estrada, también conservador, fue elegido varias veces en Ronda y luego en la capital. Entre los liberales, destacan Eduardo Ortega y Gasset en Coín, Armiñán en Archidona y Tenorio en Ronda. 

La discusión de las actas en el Congreso de los Diputados permite descubrir los distintos métodos empleados por el sistema para garantizar unos resultados electorales favorables al Gobierno de turno. Unas veces bastaban las influencias de los candidatos entre los electores, otras se acudía a la compra del voto con dinero o en especies.Cuando esto no era suficiente, podía recurrirse a la manipulación del censo, a la introducción fraudulenta de papeletas en la urna, o a la manipulación de las actas in situ o cuando estas viajaban desde los pequeños pueblos a la cabecera del distrito electoral. Tampoco era extraño el uso de la fuerza pública con fines electorales, o el envío de "delegados gubernativos" por el Gobierno civil para condicionar a los electores. 

Las fuentes ofrecen innumerables pruebas de la compleja maraña de intereses que incidían en el sistema político y electoral de la Restauración. La Casa Larios, por ejemplo, utilizaba políticamente la dependencia de los trabajadores empleados en sus ingenios azucareros en la costa y la de sus arrendatarios en la Axarquía. Sin ser el único caso, es sin duda el paradigma en la provincia de Málaga, y el centro de las denuncias de las fuerzas de oposición liberal, republicana y obrera. José Aurelio Larios pudo así permanecer 21 años como diputado por Torrox, y el partido conservador todo el reinado de Alfonso XIII.

El cura de Alozaina 

Había otros escalones menores en la pirámide caciquil, que servían de intermediarios entre los electores y los caciques del distrito o sus representantes. El diario "El Popular" denunció alguno de estos casos, como los de Gaucín y Cuevas del Becerro en 1905, o el de Alozaina en 1909. En este último, la función correspondía al cura párroco, Antonio Trujillo Portales, y el resto de la vida local se articulaba así: "alcalde primero, cuñado del cura; primer teniente de alcalde, tío del cura; tercer teniente de alcalde, hermano del cura; secretario del Ayuntamiento, cuñado de una señora cuyos bienes administra el cura; depositario de fondos municipales, sacristán del pueblo, uña y carne del cura; recaudador de arbitrios, concuñado del cura; oficial primero del Ayuntamiento, tío del cura; oficial segundo, hermano del sacristán; maestro de instrucción pública, asesor del cura; médico titular, protegido del cura; juez suplente, hermano del cura; fiscal municipal, concuñado del cura; alguaciles del juzgado, sirvientes del cura".

 
p1.jpg (8328 bytes)
 

© Copyright Diario SUR Digital, S. L.

VOLVER AL INDICE  SUBIR