|Una visión global del siglo XX|                                                                                   >> volver al índice    

Un siglo de luchas sociales
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Alfonso XIII en el Castillo Gibralfaro

Los cambios sociales originados por el desarrollo económico en los treinta primeros años del siglo afectaron principalmente a las capas medias y bajas de la población, y dejaron prácticamente intactos los estratos superiores. 

La sociedad malagueña de la época de Alfonso XIII seguía estando presidida, como en el siglo anterior, por un reducido grupo de fabricantes, industriales, comerciantes y banqueros, cuya estabilidad se aseguraba mediante los lazos familiares de matrimonios endogámicos. La "oligarquía de la Alameda" mantenía así desde mediados del XIX las fuentes y los instrumentos de su poder.


Nobleza y burguesía, dos clases imbricadas tras la revolución liberal, compartían en Málaga el poder económico, político y el prestigio social. Como ha escrito María Dolores Ramos, entre todos ellos sobresalían los Larios, que en este período pueden considerarse los "dueños de la provincia". 

Grandes propietarios de tierras e inmuebles, empresarios, comerciantes y exportadores, la familia Larios controlaba también, desde el partido conservador, la política local malagueña, e influía activamente, para defender sus intereses, en la política nacional. Todavía en las elecciones municipales de 1931 habrá candidatos "laristas", demostrando la permanencia de su poder político.

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Desde la sociedad oligárquica al 'otro reino de la muerte' 

Junto a la nobleza emprendedora ya mencionada, se sitúa la burguesía comerciante y exportadora de los Creixell, Sáenz, Taillefer, Barceló, Jiménez, Castell, Van Dulken, etc., o lo que el escritor Salvador López Guijarro llamó el "patriciado de almacén" (Quiles Faz, 1995). Con la burguesía terrateniente, formaban la estructura política de los partidos del turno, liberal y conservador así como del partido romerista en Antequera hasta 1906 en que desaparece Romero Robledo. La oligarquía malagueña no vio afectadas gravemente sus posiciones sociales durante la Restauración, aunque los avances de las ideas democráticas, socialistas y anarquistas mientras discurría el reinado, les obligaron a realizar concesiones. Sin embargo, sus posiciones y actitudes permanecían ancladas en el siglo XIX, contribuyendo peligrosamente a ahondar la distancia entre lo que Ortega llamó la "España oficial" y la "España vital". más


La sociedad durante el franquismo y la Transición

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Playas del litoral malagueño en los años sesenta 

Al finalizar la Guerra Civil, la sociedad malagueña sufrió una auténtica restauración del orden social anterior a 1931. Los grupos privilegiados -empresarios, comerciantes y terratenientes, jerarquías eclesiásticas, jefes militares, cargos políticos e institucionales- ocuparon de nuevo su lugar en el vértice de la pirámide social. A ellos se fueron uniendo, en los años del estraperlo y el racionamiento, un abundante grupo de "listos, vivos, "enterados", estraperlistas y logreros", expertos en "los traspasos abusivos, la desviación de alimentos que debieran engrosar el reducido racionamiento" y en "trincar", por los medios que sea y por los procedimientos más fáciles y expeditivos", según escribía el historiador Francisco Bejarano.

La pobreza dio lugar a un incremento de la mendicidad infantil, y de una extendida prostitución en las calles de la capital. El mismo Bejarano, concluía que la consecuencia de la carestía, los controles y la corrupción eran "un trágico malestar y una situación general de angustia, que se traduce en la depauperación y aniquilamiento paulatino de las clases medias y jornaleras, mientras sobre su miseria transitan los "haigas" (coches de lujo).

La salud de los malagueños más humildes acabaría resintiéndose, y en los años 40 apareció una epidemia de tifus exantemático -provocada por el piojo del vestido- cuyos efectos trataron de ser ocultados por las autoridades sin éxito. Entre 1941-el peor año de la epidemia- y 1943, hubo 489 muertos.
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