|Una visión global del siglo XX|                                                                                   >> volver al índice    

De la cultura de élites a la de masas
fper1.gif (32523 bytes)
Apertura de curso en el Instituto de Málaga (1911)

El panorama de fuertes contrastes que supuso en todos sus órdenes la Restauración, se aprecia también en lo que se refiere al nivel cultural y educativo. Málaga tenía las mayores cifras de analfabetismo de España en este período, y numerosos déficits educativos y culturales. La tendencia fue cambiando lenta pero progresivamente a lo largo del siglo XX en un sentido positivo aunque las cifras de analfabetismo eran extraordinariamente altas en la provincia (pasaron del 75por ciento en 1900 al 60 por ciento en 1930), y algo menos en la capital (66,6 por ciento al 40,9 por ciento) en la mismas fechas.

Al comenzar el siglo la situación escolar era lamentable. No obstante, como ha estudiado Emilio Ortega, las reformas de Romanones y García Alix, la labor de dos ministros malagueños en Instrucción Pública -Bergamín y Andrade-, y la de la mayoría republicana-socialista en el Ayuntamiento, así como la de Narciso Díaz de Escovar al frente de la Delegación Regia de Primera Enseñanza (1910), trajeron consigo la creación de nuevas escuelas, el aumento de la escolarización y la realización de actividades extraescolares (Fiesta del Arbol, cine, conferencias, excursiones, Colonias Escolares, asociacionismo, etc.).

fper1.gif (32523 bytes)
Villa Romana de Torrox

La cultura de élite, el impulso educativo republicano y el coste cultural de la guerra 

La intervención del Estado no llegó a modificar el control mayoritario de la enseñanza por la iniciativa privada, fundamentalmente religiosa, ni a permitir la democratización de su acceso, reservado a las clases altas y medias, ya que en 1911, las 52 escuelas públicas existentes aún no habían superado la cifra de las privadas en 1902. Al final del período, el número ascendía a 88. Por tanto, el peso de la escolarización recayó sobre los centros religiosos, que recibieron ayudas públicas, casi exclusivas en el período de la Dictadura de Primo de Rivera. La clase obrera sólamente pudo acceder a los bienes de la cultura gracias a la labor desarrollada en los Centros Instructivos Republicanos y en los de las organizaciones sindicales y políticas socialistas y anarquistas.

Los jóvenes de las clases acomodadas estudiaron en centros religiosos, seleccionados por razones de tipo ideológico y social. Fue el caso de Ortega y Gasset en los jesuitas, o el de Moreno Villa, que empezó en los Colegios de San Rafael y San Agustín, para luego hacer el bachillerato también en San Estanislao. Al terminar el bachillerato había que salir de Málaga para seguir los estudios universitarios, o asistir a centros especializados, como la Academia Malacitana que preparaba para los estudios jurídicos. Moreno Villa, hijo de vinateros, fue enviado a Alemania para estudiar química, opción que abandonó por las humanidades: en 1910 se fue a Madrid y en 1917 entró en la Residencia de Estudiantes de la mano de Jiménez Fraud (Vida en claro, 1944). Málaga tuvo un sólo Instituto de Segunda Enseñanza, hasta que en 1928 se creó el de Antequera. La matrícula descendió sensiblemente en el Instituto de Málaga durante el reinado de Alfonso XIII, al tiempo que crecían en las enseñanzas colegiadas y libres. Sólo al final de la Dictadura, con la aparición de la revista del centro, la agitación estudiantil pareció recobrar fuerza. más


La cultura durante el franquismo y en la democracia

fper1.gif (32523 bytes)
Pese a la censura, el cine norteamericano fue un factor de modernización 

Tras la guerra civil, el franquismo trajo consigo un retroceso en el clima de libertad intelectual y cultural de la etapa republicana, y la pérdida de una brillante generación rota por la guerra o el exilio. Hasta los años 60, el control sobre la educación, la cultura y la información, además de una rígida censura, garantizaron la ortodoxia ideológica del régimen.

No obstante el Estado impulsó la escolarización y la Iglesia católica recuperó su influencia económica e ideológica en la enseñanza. Durante el obispado de Herrera se dio un fuerte impulso a las escuelas rurales y el seminario sirvió de cauce de acceso a la educación secundaria de jóvenes de las clases obreras.

Las organizaciones juveniles de la Falange y sus campamentos femeninos y masculinos eran la única vía para el acceso de los jóvenes a las actividades de aire libre, que se compaginaban con el adoctrinamiento político y religioso. También en la escuela, donde la religión volvió a ser obligatoria, los libros de texto o las asignaturas específicas adoctrinaban sobre los principios del franquismo.

Una élite ilustrada, sin embargo, asumió la tarea de recuperación del patrimonio histórico -reconstrucción de la Alcazaba, declaración de monumentos, creación del Museo Arqueológico, etc.-, aunque la construcción del Archivo Histórico y la Biblioteca provinciales se realizó sobre los restos del Teatro Romano de la ciudad en 1951.
más

 
p1.jpg (8328 bytes)
 

© Copyright Diario SUR Digital, S. L.

VOLVER AL INDICE  SUBIR