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Málaga durante el reinado de Alfonso XIII

En 1902 comenzaba un nuevo reinado en España que parecía llamado a cumplir los sueños de regeneración nacidos después del Desastre de 1898. En 1931, el fracaso de la monarquía en dicho cometido preparó el camino al intento regenerador de la II República.

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Alfonso XIII y Victoria Eugenia en el Hotel Príncipe de Asturias, después Miramar

Entre 1902 y 1923, el sistema funcionó sobre los dos grandes partidos liberal y conservador, y la estabilidad que suponía un electorado desmovilizado y dócil a los favores de sus jefes locales y provinciales. Los intentos de democratización política y electoral permitieron solamente un avance de las fuerzas republicanas y socialistas en la capital malagueña y en algunos municipios del interior, con lo que resultó imposible, como en el resto de España, su integración en el sistema, cada vez más contestado. El golpe de 1923 fue el peor y quizá inevitable recurso de la monarquía, acosada por el desastre de Marruecos en 1921 y la radicalización del obrerismo. En Málaga fue acogido con idéntica aceptación que en el resto de España, y el principal diario local lo aplaudió abiertamente.

La dictadura se presentó a sí misma como la saneadora de la vida local y erradicadora del caciquismo. Nombró delegados gubernativos, alentó las denuncias contra la clase política y los funcionarios locales, y buscó "hombres nuevos" para enraizar socialmente el nuevo régimen. Los mejores éxitos de Primo de Rivera se produjeron en Marruecos -un tema especialmente cercano a Málaga, escenario de los embarques de tropas- con el desembarco de Alhucemas (1925), y en la realización de obras de infraestructura, repoblación forestal y fomento del turismo. En la política cosecharía un completo fracaso atrayendo a personas de escaso peso político y otras ligadas a la oligarquía -los Félix Sáenz, Conde de Guadalhorce, Peralta, Crooke, etc.- que no lograron el apoyo social requerido. A fines de la década, la conflictividad política y social reaparecería con gran fuerza. Los intentos de restaurar la normalidad constitucional monárquica de los gobiernos Berenguer -con el malagueño José Estrada en Gracia y Justicia- y Aznar se encontraron con un amplio frente político y sindical que traería la República en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931.

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Fábrica San Carlos, de productos químicos

La modernización económica 

Aunque en términos provinciales la agricultura siguió aportando el porcentaje más elevado de todo el valor añadido generado por los distintos sectores productivos, lo cierto es que Málaga asumió con rapidez los presupuestos innovadores de la Segunda Revolución Tecnológica -en especial la electricidad-, y además intensificó su vinculación con los mercados exteriores, prácticamente perdidos en las décadas finales del XIX. 

La modernización afectó no sólo al tejido industrial, sino también al agrario: se consiguieron sensibles ganancias de la productividad y una cierta diversificación de los cultivos, en beneficio del olivar -debido al incremento de la exportación de aceite- y de las plantas industriales. Un proceso que supuso nuevos aumentos de la superficie cultivada y una sensible mejora de la ganadería, cada vez más inclinada hacia la producción de carnes y derivados lácteos. 

Una agricultura que volvía a ser preferentemente comercializable tras la profunda crisis finisecular, condicionaba además la creciente diversificación de la industria fabril, que, abandonados los proyectos siderúrgicos del XIX -retomados sólo conyunturalmente en este periodo- y aprovechando las ventajas energéticas proporcionadas por la electricidad y la demanda ligada al proceso de urbanización -Málaga ganó más de 50.000 habitantes en estos años-, para desarrollar subsectores ligados a la transformación de alimentos -el refino de aceite, la nueva fabricación de harina, las empresas vinateras-, la química -fábricas de abonos y superfosfatos- y la metalurgia -construcciones mecánicas y metálicas-.

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El general Primo de Rivera en el 'Caminito del Rey' 

La sociedad oligárquica 

La sociedad conservaba prácticamente intactos el poder y el prestigio de las clases dominantes desde mediados del siglo XIX: la nobleza y la burguesía industrial, terrateniente y comercial, la "oligarquía de la Alameda", entre los que destacaban el activo núcleo de comerciantes, repleto de apellidos de origen extranjero. Políticamente se integraban en los partidos del turno, Liberal y Conservador y en el Partido Romerista, hasta la muerte de su líder Francisco Romero Robledo en 1906. El prototipo de esta oligarquía era, sin duda, la familia Larios, la más poderosa de la provincia. 

Las clases medias adquirieron a lo largo del reinado un mayor peso numérico y protagonismo, tanto en la ciudad como en los núcleos urbanos más grandes de la provincia, como Antequera, Ronda o Vélez Málaga. Los medianos y pequeños labradores, comerciantes, industriales y los profesionales liberales formaban un sector cada vez más activo de la sociedad malagueña, participando en las tareas económicas, la administración, la educación o la política. Los trabajadores eran la inmensa mayoría de esa sociedad, con predominio de los agrícolas hasta los años 30 (60%). En este período, los trabajadores mostraron una creciente capacidad organizativa y de lucha, que pese a su expresión discontinua, demostró su eficacia en la conquista de sus reivindicaciones. La configuración del movimiento obrero malagueño muestra el predominio anarquista en la capital, la lenta progresión del socialismo en la misma y la rapidez de su penetración en el campo, y el carácter marginal del sindicalismo católico.

Una cultura de constrastes
 

La primera provincia española en número de analfabetos experimentó sin embargo una evolución positiva gracias al aumento del número de escuelas y a la mejora de la enseñanza. Pese a los esfuerzos institucionales, la enseñanza pública fue ampliamente superada por la privada religiosa, y siguió siendo un bien reservado a las capas altas y medias de la sociedad, especialmente en los niveles secundario y superior. La mujer, salvo en la Escuela Normal, seguía estando con escasísimas excepciones al margen del disfrute de la enseñanza secundaria y superior. 

En el ámbito informativo, en cambio, Málaga era una provincia moderna. Contaba con un gran diario independiente -"La Unión Mercantil"-, con revistas gráficas -"La Unión Ilustrada"-, e importantes periódicos de opinión, como "El Popular", "El Regional", o "El Cronista". La desaparición progresiva de estos últimos provocaron en los años 20 -cuando empezó a despuntar la radio- un empobrecimiento de este panorama y un giro conservador de la prensa malagueña.

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En 35 días (del 7 de diciembre de 1917 al 11 de enero de 1918) Málaag tuvo cuatro alcaldes. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Enrique Mapelli, Manuel Cárcer, Salvador González Anaya y Mauricio Barranco.

La cultura tradicional o popular mostraba su vigor en las celebraciones religiosas de la Semana Santa o las Fiestas Patronales, el carnaval, los toros y el flamenco. Entre las actividades preferidas seguía destacando el Teatro, pero el cine fue imponiéndose con rapidez desde el inicio del siglo con la apertura de nuevas salas. La puesta en marcha de las revistas "Gibralfaro" (1909) y "Litoral" (1926), refleja la vinculación de una activa minoría con las principales vanguardias españolas y europeas del momento. 

La extensión del ocio, de la urbanización y de las clases medias y obreras urbanas, prepararon el nacimiento del deporte de masas. El ciclismo y el fútbol serían los más populares, y el tenis y el golf los reservados a las clases burguesas. El primer partido de fútbol fue en 1904, y en 1922 se inauguró el campo de los Baños del Carmen, uno de los centros del deporte y la vida social malagueña del siglo XX. El primer campo de golf comenzó a construirse en 1929.

 
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