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Encuentro con el escritor Lorenzo Silva en torno a su novela
"El nombre de los nuestros"

Transcripción de la conferencia - 4

Al español de hoy, esta historia le transmite una enseñanza: es el habitante de un país situado en la parcela buena del mundo, de un país en el que hay agua corriente, en el que la mayoría de la gente se acuesta razonablemente satisfecha por la noche, en el que la mayoría de la gente tiene coche, tiene comodidades, ...y sin embargo vemos a todas esas personas que hay en el mundo que no las tienen y muchas de ellas las seguimos teniendo en el mismo sitio, es decir, en Maruecos: a 17 kilómetros de Tarifa y a un milímetro de Ceuta y Melilla. Cuando vemos a esa gente, nos parece que vive en otro mundo, que es gente con la que no tenemos nada que ver. Bueno, pues así vivían nuestros abuelos, así y peor que así. La gente de la que nosotros venimos no conducían BMWs, no se iba de vacaciones, no se iba a la playa, no comía caliente todos los días, y algunos de ellos –los que les tocó ir allí- ni tan siquiera tenían agua para beber. Algunos de ellos tuvieron que acabar bebiéndose sus propios orines. Y esto no lo cuento porque sea un detalle escabroso, sino porque es verdad. En aquellos "blocaos", en algunas de aquellas posiciones si agua, la gente tuvo que acabar bebiéndose sus propios orines. Y eran nuestros abuelos y no unos señores con los que no tenemos nada que ver. Todo esto nos debe llevar a ser más conscientes del hecho de que el sufrimiento de ningún ser humano nos puede ser ajeno. Creo además que la historia de aquella gente es una buena historia. Cuando empecé a profundizar en aquellos hechos me encontré con que había leído pocos novelas que contaran hechos tan intensos, tan interesantes, tan sobrecogedores y emocionantes como la historia de aquellos hombres que un buen día sacaron de sus pueblos, los llevaron a un lugar al que no querían ir y allí se vieron obligados a sobrevivir contra el miedo, contra el hambre, contra la enfermedad. Muchos no lo consiguieron. No he querido contar una historia deprimente, trágica ni que le eche a la gente el alma a los pies y le amargue el día. Es una historia dura pero también es la historia de algunos que sobreviven, de algunos que consiguen salir adelante. Es una historia que muestra que el ser humano es muy frágil porque tiene muchas maneras de morir. Estos hombres tenían muchas maneras de morir: de un balazo, de hambre, de enfermedades,...cuando lo raro era no morirse. Sin embargo, algunos sobrevivieron, y lo hicieron a base de coraje, con solidaridad, apoyándose unos a otros, compadeciéndose unos de los otros. Sobrevivieron frente a todas estas cosas que son tan humanas y comunes a todos pero que ellos tuvieron que sentir en grado sumo. Frente al miedo, a la debilidad, al sueño,... A mí me parece que esta historia que es verdad, que parte de un hecho histórico concreto, trata de cosas que siempre seguirán siendo importantes. Esa es la historia de nuestra vida: superar las dificultades que la vida nos ofrece. Esta gente lo tuvo que hacer de una forma extrema y por eso creo que su historia nos transmite muchas cosas a los que ahora vivimos.

Aunque he partido de hechos históricos, he escrito una novela. Quiero decir que he intentado documentarme bien sobre cómo vivían, sobre lo que pasó, sobre el momento histórico en la que la sitúo, que es el verano del año 1921, e incluso he ido al Rif en la misma época del año (julio) e intentado ser muy fiel a esa realidad. A partir de ahí lo que he hecho es simplemente una novela. Y espero que esta novela la pueda leer igual alguien que conozca aquella historia como alguien que no la conozca; y un hombre igual que una mujer. Un editor tenía miedo –y al final le llevó a no publicarla aunque afortunadamente encontré a otros editores que sí querían publicarla- de que esta novela no resultara comercial y lo que me dijo me hizo mucha gracia "porque en ella no salía ninguna mujer". Cuando me dijo eso, me eché a reír y le dije que "¡pobrecillos, ya les hubiera gustado a ellos que hubiera mujeres!". Pero allí estaban, metidos en un fortín, y las únicas mujeres que conocían, las veían en Melilla y eran prostitutas. A parte de esta broma o este chiste, la historia que habla de estas cosas no es ni masculina ni femenina. He huido de la novela de guerra épica, de la novela de guerra de siempre con exaltación de los valores masculinos, y los valores que pueden aparecer en esta novela no son ni masculinos ni femeninos. El hecho de que en esta coyuntura histórica solo hubiera hombres no quiere decir nada respecto de la posibilidad de que esta historia llegue a las mujeres. Así, a lo largo de estos meses he podido comprobar que aquella editora estaba equivocada, ya que muchas mujeres son capaces de leer esta historia y apreciarla.

Otra razón por la que he escrito esta novela, es una razón un poquito difusa pero que los hechos me han llevado a confirmar. Creí y sigo creyendo que el problema de Marruecos, que estaba en la raíz de aquella historia, no ha desaparecido del todo; no es una historia superada para España con este país: uno de los cuatro vecinos que tenemos. Y es que, si no tienes resuelta la relación con tu vecino, tienes un problema. No se plantea ahora en términos tan dramáticos como se planteaba entonces, pero el problema sigue estando ahí y en los últimos tiempos ha aflorado. He asistido con una cierta sorpresa y con dosis de asombro a como, entre otros, el Gobierno español me ha ayudado un poco a promocionar esta novela poniendo de moda otra vez la tensión hispano-marroquí, con el ministro de Defensa diciendo que tenemos que comprar misiles para poder volar Marruecos del mapa en caso de necesidad, y cosas de éstas. Es curioso que esta historia vuelva una y otra vez. (Dejando aparte lo de los misiles, ya que los ministros tienen que hacer muchas declaraciones a la prensa y no siempre pueden pensar lo que dicen, tampoco es una cosa que haya que afearle demasiado al ministro). Hay cosas que son más serias y que tienen más entidad como la imposibilidad de negociar un tratado de pesca cuando hay muchas miles de familias en España que necesitan este tratado para vivir. Sé que Marruecos es un país muy problemático –no vamos a ofrecer aquí una visión idílica de Marruecos-, donde algunos de sus gobernantes dejan mucho que desear, etc..., pero también los gobernantes de la Europa del Este dejan mucho que desear y los vamos a meter a todos en la Unión Europea. Y está bien porque es una medida inteligente. Los alemanes, que son a los que afecta fundamentalmente el problema de Europa del Este, son inteligentes y se las han apañado para incluirlos en la Unión Europea y para irlos, poco a poco, llevando a un bienestar que les servirá a los propios alemanes para vender más Wolkswagens, más Audis y más BMWs. Nosotros no somos capaces, sin embargo, de encarar con inteligencia el problema de Marruecos. La medida que tomamos frente a Marruecos es gastarnos 12.000 millones en una alambrada. Y además, como vengo de allí, la he estado viendo y es una alambrada muy divertida. Ha costado 12.000 millones de pesetas y en los extremos, la alambrada acaba en el mar. Claro, como es muy caro hacer una alambrada en el mar llegando, por un lado, hasta Almería y por el otro hasta Tarifa, pues la alambrada se mete en el mar unos quince metros. Me contaba la gente de Ceuta que todas la noches, cuando ya no se ve y el turno en la garita de la Guardia Civil se ha reducido al mínimo, los marroquíes, los subsaharianos, etc. rodean los quince metros de valla con neumáticos de camión y pasan a nado, y a veces pasan también una lavadora o un frigorífico en la rueda de camión. Creo que en algún momento alguien deberá plantearse que –aunque sea imposible hacer dentro de tres años que Maruecos sea Suiza- hay que compartir otras cosas y no alambradas. Por puro interés, no digo por altruismo ni por bondad ni por nada de esto. Si fueramos capaces, por ejemplo, de montar una Costa del Sol entre Ceuta y Tetuán, pues nos haríamos millonarios y podríamos traer aquí a todos los alemanes para sacarles el dinero en otros sitios porque ya no tenemos sitio en la Costa del Sol ni en Mallorca,...

Bueno, dejando aparte todas estas cosas, creo que es curioso que la Historia siga siendo tozuda. Es curioso que, al igual que la relación que tenían aquellos soldados españoles frente a los marroquíes era montar una línea de fortines y permanecer en un "blocao", en un parapeto con el fusil, vigilando; igual seguimos nosotros. Ahora tenemos un "blocao" más sofisticado, con radar, con infrarrojos, pero seguimos haciendo lo mismo. Y lo que me pregunto es si realmente hemos pensado hasta cuándo podemos mantener esa manera de abordar la cuestión. En aquella época, en aquel momento histórico, cuando los españoles fueron a Marruecos, pensaron que los rifeños nunca pasarían, que era imposible, pero los rifeños pasaron la línea de fuertes. De hecho, una de las principales conmociones que produjo el Desastre de Annual fue que resultaba imposible asumir que una partida de rifeños armados con fusiles, algunos muy viejos, hubieran sido capaces de machacar al ejército español, de pulverizar la línea defensiva que había puesto el ejército español que tenía cañones, aviones,... Pasaron, y creo que hoy –no sé cómo, no sé cuándo, aunque espero que no sea de forma cruenta sino de otras formas- también pasarán. Entonces luchaban por algo más fuerte que las razones que llevaban a luchar a los españoles. Los españoles no querían estar allí y, sin embargo, los marroquíes estaban luchando por su territorio. Eso, casi decidió que pasaran. Sin embargo, ahora estamos en una situación parecida. La gente que intenta pasar, intenta luchar por su supervivencia. No digo que se les abran las puertas a todo el mundo, pero me parece en algún momento tendremos que pensar algo diferente a tender simplemente alambradas.