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Encuentro con el escritor Lorenzo Silva en torno a su novela
"El nombre de los nuestros"

Transcripción de la conferencia - 3

Dice Ramón Sender: "En períodos de censura, el escritor se hace retórico. Y creo que el esfuerzo que empleamos en perfeccionar la retórica, se lo quitamos a la veracidad y al contenido. Para mí, la literatura no es una expresión artística sino una expresión vital. Ponerse al servicio de la verdad y a través de ella influir y ayudar a otros a crear su propia realidad me parece lo más importante."

Yo también creo que la literatura tiene más valor como experiencia y expresión vital que como experiencia y expresión artística, cultural, estética, intelectual,...Todos estos adjetivos tienden a veces a excluir a todos los que no tienen esta consideración de la fiesta de la literatura y ese es el mayor error que puede cometer un escritor. Y además celebro ver que recientemente los escritores de mi generación, los escritores que ahora están publicando y que están representando lo que de alguna manera empieza a ser literariamente el siglo XXI en España, han superado esa manía estética, excluyente y aristocratizante que ha lastrado en gran medida a la literatura y a la novela española del siglo XX. En estos meses, autores jóvenes como Belén Gopegui, Félix Romeo, Javier Cercas han publicado novelas que tratan de nuestra realidad más inmediata. Belén Gopegui ha intentado novelar el periodo de la Transición, Félix Romeo ha novelado, entre otras cosas, otra guerra africana olvidada: la guerra de Ifni de fines de los años 50, y Javier Cercas ha recreado un episodio real de la Guerra Civil. Creo que los tres siguen demostrando que se puede hacer buena literatura –yo no voy a decir la mejor literatura, pero sí buena literatura como la mejor- a partir de la realidad y a través de la plasmación literaria de la realidad.

Hay quien piensa que hacer literatura realista es un empeño de menor calidad estética que hacer la otra literatura. Creo que, en gran medida, esto forma parte de una cierta miopía por parte de quien hace ese juicio. Partir de la realidad no significa que la novela no sea un ejercicio de imaginación, es decir, que la novela no tenga capacidad de trascender. Creo que lo verdaderamente difícil es partir de esa realidad y conseguir que esa realidad trascienda. Eso es exactamente lo que hizo Ramón Sender –al que cito muy especialmente porque se cumplen ahora cien años de su nacimiento y es un escritor que hoy lee muy poca gente-, quien tuvo el valor de reflejar muy bien gran parte de nuestra realidad histórica y nos enseñó cómo convertir esa narración realista en un símbolo que va más allá de la realidad histórica de la que parte. Cuando Ramón Sender retrata la guerra de Marruecos, no se limita a contar esta guerra sino lo que hace es contar la aventura individual de supervivencia de un hombre en medio del horror. Eso es un asunto absolutamente universal. Cuando en "Réquiem por un campesino español" cuenta la historia de un campesino que durante la Guerra Civil es fusilado por haber osado alzar la voz; y cuando nos habla de cómo todos los amigos de ese campesino en ese momento le niegan su amistad, dejan que lo maten y luego sienten la culpa cuando lo han matado, está hablando de cosas que no se limitan a la Guerra Civil; está consiguiendo que esas pequeñas historias de la realidad sirvan para transmitir un misterio más amplio. Creo que la realidad, lejos de ser esa cosa que algunos desprecian como rutinaria o monótona, es una fuente permanente de misterio. La realidad está llena de misterio y no hace falta más que saber mirarla. Cuando uno la mira y ve ese misterio, siente la obligación de indagarlo, máxime si uno es escritor. Esto ya lo decía Dostoievsky en aquella parábola del gran Inquisidor, al afirmar que "si aquí hay un misterio, nuestro deber es investigarlo". El ser humano no puede ver un misterio y dejar de indagar.

Bueno, y hecha esta soflama a favor de la literatura realista -que creo necesaria porque sigo leyendo todavía con cierta regularidad en los suplementos literarios españoles, críticas en las que se desprestigia a ciertos escritores calificando su novela de realista- vuelvo a esta novela.

¿Por qué contar hoy esta historia de hace ochenta años?. A parte de mis razones personales y mis vínculos familiares que valen como lector o valen para mí mismo, ¿por qué me siento autorizado a escribir una novela sobre esto y proponerles a los demás que la lean?, que es lo que hace un escritor cuando publica una novela. En primer lugar, creo que hay una razón de interés general para novelar este episodio. Aquella guerra se silenció: la guerra de Marruecos es como si no hubiera ocurrido nunca. En la conciencia de la mayoría de la gente de mi edad esta guerra no existe. Hay personas que ahora están leyendo este libro y me hablan muy sorprendidas al descubrir que esto ocurrió. Y a mí, lo que me sorprende es su sorpresa, porque esto no le sucedió a mi tatarabuelo ni ocurrió en la época de los visigodos, sino que le sucedió a mi abuelo y a los abuelos de muchas personas, de muchos de los lectores de la novela que, a raíz de haberla leído, han hablado con sus abuelos, tíos o padres sobre aquel familiar que se fue a la guerra de Marruecos y nunca volvió. ¿Por qué esta historia que nos afecta de tan cerca a tantos españoles, es una historia que la mayoría de los españoles ignoramos?. Pues hay razones históricas que lo explican. Después del Desastre de Annual, que fue la derrota más significativa, se intentó abrir una investigación para averiguar cómo había sido posible que una partida de rifeños desarrapados mataran en tres o cuatro días a doce mil españoles. Eso causó, a parte de una gran tragedia y una conmoción nacional, un gran escándalo. Esa investigación empezó desde abajo y, a medida que el investigador nombrado a tal efecto fue profundizando, descubrió responsabilidades demasiado altas. Y como consecuencia de eso, un señor que era Capitán General de Barcelona, que se llamaba Primo de Rivera, dio un golpe de Estado y se acabó la investigación durante ocho años, que fueron los años en que agónicamente se prorrogó la monarquía de Alfonso XIII. Digo agónicamente porque el rey, con cuyo beneplácito se habían enviado a la muerte a tantos hombres, no podía durar mucho. Era cuestión simplemente de tiempo. Luego vino la II República que duró muy poquito y tuvo muchos problemas, e inmediatamente después vino la sublevación militar, donde los propios militares de Maruecos se hicieron con el gobierno del país. A partir de ahí, la guerra de Marruecos no se silenció, a partir de ahí la guerra de Maruecos se falsificó. A partir de ahí la guerra de Marruecos pasó a ser ese episodio romántico que cuentan películas como "Harka", "A mí la Legión": los legionarios van a la muerte cantando y sonriendo, y donde el General Franco fue un gran héroe. Y casi es peor la falsificación que el silencio para el conocimiento de la Historia. Esa falsificación se ha mantenido con relativo éxito hasta el año 1975, y a partir de ahí, aunque se ha podido decir, escribir y publicar la verdad, ya era quizás algo que no estaba de moda y que poca gente ha escuchado. Creo que esa es la razón histórica por la que esos hechos no se conocen lo suficiente.

También porque la guerra fue excesivamente cruel y los combatientes que venían de allí no querían contar mucho. Hace muy poco hemos descubierto porque ha saltado a los periódicos, que durante esta guerra los españoles bombardeamos el Rif, el norte de Marruecos, con gases venenosos: con gas mostaza que ya estaba prohibido en aquel entonces por las convenciones internacionales. Lo hicimos y los tiramos encima de mujeres, de niños, de civiles,...cosas que conviene esconder incluso hoy. Esto ha salido a la luz porque hay descendientes de la gente que vivía allí entonces que padece unos índices de cáncer y otras enfermedades superiores a los del resto de la población. Si pudieran probar esta relación científicamente, como se trata de un crimen contra la Humanidad y éstos no prescriben nunca, el gobierno español se vería forzado a indemnizar económicamente a los descendientes de aquella gente.

La guerra fue horrible, se silenció y se ignoró, pero creo que nunca se puede ignorar la Historia. Creo que nunca es tarde para recuperarla y para que seamos conscientes de ella y no se vuelva a repetir. Esto es un tópico pero al tiempo es una gran verdad. La Historia tiene tendencia a repetirse. Probablemente hace diez años todos pensábamos que no era posible que en Europa se hicieran campos de concentración, y que se matara a la gente por ser musulmana, judía, etc. Pero esto ha pasado en Europa no hace mucho tiempo. Y estas cosas pueden volver a pasar, espero que a nosotros no, pero pueden volver a pasar. Sin embargo, algo sí puede volver a pasar y fue lo peor y lo más inmoral de aquella guerra: que unos señores descubrieron unas presuntas razones en virtud de las cuales había que ir a conquistar Marruecos. Esas razones eran que España iba a cumplir una misión civilizadora en aquel país atrasado y salvaje, que España iba a mantener el adecuado control de sus intereses geoestratégicos que pasaban por no dejar que una potencia como Francia se instalara en el Estrecho, que España también iba a defender una riqueza económica que eran las minas de hierro del Rif, de las que se pretendía sacar una rentabilidad,... Una serie de señores entendieron que eran razones suficientes para declarar una guerra, para movilizar un ejército y para mandar a unos señores a morir allí. Sólo que, en lugar de ir ellos o sus hijos, mandaron a otros y a los hijos de esos otros. Esto sigue pasando hoy, porque hay señores que se cargan de razón sobre un problema y siempre mandan a otros a resolverlo. Sigue pasando hoy en algunos lugares del mundo y en términos tan atroces como le pasó entonces a los españoles.